Uno de los primeros filósofos de la historia de la humanidad occidental fue Tales de Mileto, nacido en el 624. a.c., quien sostuvo la idea de que el arjé era el agua. ¿Qué es el arjé? El origen, el primer elemento de todos, lo que dio inicio al estado actual de las cosas.

Dos mil años después, Da Vinci sumaría la siguiente afirmación «El agua es la fuerza motriz de toda la naturaleza».

Algunos cientos de años más tuvieron que pasar para que descubramos que el agua había viajado hasta nuestro planeta en forma de gotas dentro de meteoritos durante miles y miles de kilómetros en el espacio. Hoy conforma el 70% de nuestro planeta y un 60% de nuestro cuerpo. Sin ella no sólo no existiría nuestra especie sino que tampoco habrían habitado los dinosaurios, las plantas ni ningún tipo de ser vivo. Hay una estrecha relación entre la vida y el agua: comparten el mismo ciclo, son uno.

La sensación de sed es una alarma que nuestro cuerpo crea para informarnos que se ha reducido más de un 1% la cantidad de agua que tiene. El agua es la bebida más peligros, porque moriríamos al séptimo día de no consumirla.

 

 

El agua es la única sustancia presente en nuestra naturaleza que se puede encontrar en los 3 estados: gaseoso, líquido y sólido. Constantemente está fluyendo de forma cíclica entre estos tres estados manteniendo el equilibrio del planeta. Solo como ejemplo, un árbol pierde más de 250 litros de agua por día por evaporación, que luego retorna en forma de lluvias.

El movimiento del agua en la naturaleza es a través de cursos curvos, de estadíos de estancamiento y luego de mayor dinamismo, en donde repetidas veces encontramos la forma de espiral en la que se desenvuelve el agua. Sin embargo, para transportarla a las ciudades, se utilizan sistema de alta presión y cañerías repletas de ángulos rectos. Por cada giro que se le obliga a generar, el agua va perdiendo calidad hasta llegar a nuestros hogares deformada. Para poder ver esto necesitamos un microscopio, pero para poder sentirlo alcanza con probarla, comparandola con el agua del río y con el agua enavasada.

Insistimos en una lógica lineal de consumo que contraría el curso natural cíclico del agua. La extraemos, la consumimos y la desechamos a los ríos y mares, desconociendo los efectos que puede tener, tanto positivos como nocivos. Pretendemos que la naturaleza sea la que se adapte a nosotrxs, desde una cosmovisión egoica y antropocéntrica, en vez de poder fluir con ella, entendiendo sus ciclos, movimientos y su energía vital.

 

Y aún así, en la actualidad,  más 1100 millones de personas en el mundo carecen de acceso directo a fuentes de agua potable. Darte una ducha con agua caliente sigue siendo un privilegio al cual accede la mitad de la población mundial. Cada año mueren 3.5 millones de personas debido a enfermedades relacionadas con la calidad del agua.

¿Cuál va a ser el límite que nos haga despertar? ¿Tener que ir a la playa con traje de astronauta porque el agua está contaminada y nos daña su contacto? ¿Enfermedades masivas por consumo de agua que llega a nuestras casas sin vida? ¿Destrucción del mercado laboral que en su 78% depende del uso del agua para actividades agrícolas, industriales y mineras?

Son muchos los desafíos en torno al arjé primario que tenemos por delante, pero todos ellos comienzan con el mismo paso: la toma de consciencia.